Andolio paseaba asombrado por las salas y pasillos del majestuoso edificio.
Al percatarse de la presencia del los más altos representantes de la iglesia Aristotélica, no dudó en acudir y mostrar su respeto.
Plantándose a la distancia que el creia la protocolariamente necesaria y tras unos segundos de vacilación ante la duda de si deberia arrodillarse y/o besar sus anillos, con voz humilde, exclamó :
Eminencias, un honor compartir techo con vos.
Disculpad mi torpeza pues solo la grandiosidad de este edificio y lo que representa es comparable con ella.
Y diciendo esto, con el sombrero en la mano, la otra a la altura del pecho, y la cabeza inclinada, comenzó a retroceder, buscando de reojo su asiento.